"Esta asignatura también la aprobaré". Unas semanas antes de convertirse en el primer presidente de la Generalitat democrática nacido fuera de Catalunya, el socialista José Montilla, que nació hace 52 años entre los olivos de la serranía cordobesa, asumió públicamente el reto de mejorar su catalán. Poco después, el día de su investidura, no dudó en poner su habla deficiente como ejemplo de que la lengua catalana necesita protección. Un mes y medio más tarde, la segunda semana de enero, Montilla empezó a recibir clases de catalán en su despacho del Palau de la Generalitat, tal como consta en la agenda del president.
Mejorar la expresión oral
La profesora de catalán A. E. (la mujer prefiere el anonimato) instruye dos días por semana a Montilla. Los martes y los jueves, de ocho a nueve de la mañana, siempre que las obligaciones políticas del discípulo no lo mantengan alejado de su despacho.Maestra y alumno concentran sus esfuerzos en mejorar la expresión oral del pupilo. No se trata tanto de preparar al presidente para competir en la Nit de les Lletres Catalanes, como de convertir el "bona noch" y el "hem desididu" de Polònia en gags obsoletos. Precisamente, Montilla citó a desayunar el miércoles pasado en el Palau al equipo del programa de sátira política de TV3 Polònia. El president insistió en que su imitador, Sergi Mas, no faltara al encuentro. No era para tenerlo a tiro. Al contrario, Montilla les dijo que aunque ve poco el programa, le parece divertido. No hubo ni una queja, ni una sugerencia, ni una advertencia, ni una recomendación, según fuentes del equipo del programa.
Un vistazo a las anotaciones de la agenda del presidente desde el día que tomó posesión, el 28 de noviembre, ofrece una idea bastante aproximada de las prioridades que se ha marcado. Y del tesón y la meticulosidad que adornan su carácter. Montilla no le hace ascos al trabajo. Suele estar en su despacho a las ocho de la mañana o antes. Tanto si tiene citas en el Palau como si acude a actos externos, no acostumbra a terminar antes de las once y media de la noche, lo que supone asistir a entre siete y diez reuniones o actos diarios. A ninguno de ellos acude sin haber repasado un informe previo de sus asesores.
Eso, de lunes a viernes. Los fines de semana ha recuperado la costumbre de su antecesor nacionalista Jordi Pujol (interrumpida por el expresident Pasqual Maragall) de recorrer el territorio catalán para pulsar las inquietudes de los ayuntamientos, los ciudadanos y las entidades y sectores locales.
Temas prioritarios
Las visitas que ha recibido en el Palau indican una prioridad: la política social y la económica. Por su despacho han desfilado estos días, entre otros, el comisario europeo de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia; el presidente de La Caixa, Ricard Fornesa; el de la Cámara de Comercio, Miquel Valls, y empresarios y altos ejecutivos de Novartis, Agbar, Planeta, Abertis, ONO, CLH y Mercadona, así como dirigentes de las distintas patronales catalanas y de los sindicatos CCOO y UGT. Y también de la Taula d'Entitats del Tercer Sector Social, la Fundació Catalana de l'Esplai y el Consell de Treball Econòmic i Social.
Como una esponja
En esas reuniones, Montilla, hombre poco dado a excesos comunicativos, intenta "absorber" toda la información posible de sus interlocutores, según fuentes gubernamentales. Como una esponja, se empapa de las inquietudes, las demandas, los proyectos de sus visitantes.
Otro gran paquete de reuniones tienen un vínculo internacional: diplomáticos (los embajadores italiano y alemán, y el cónsul de EEUU) y ministros extranjeros (la francesa de Asuntos Europeos y el turco de Asuntos Religiosos). También ha recibido estos días a autoridades militares y miembros de la jerarquía eclesiástica, pero no aparecen en la agenda demasiadas citas relativas al sector de la cultura.
Velar por la cohesión del tripartito es otra actividad destacada en la agenda del presidente. Antes de la reunión semanal del Ejecutivo catalán, suele desayunar con el republicano Josep Lluís Carod-Rovira y el ecosocialista Joan Saura. También una vez por semana acostumbra a cenar con sus hombres fuertes en el PSC, José Zaragoza, y en el Parlament, Miquel Iceta.
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